lunes, 12 de mayo de 2008

CARTA A GARCIA

El pasatiempo literario que va a leer usted, amigo, "UNA CARTA A GARCÍA"; fue escrito de sobremesa, una tarde, en el corto término de una hora. Pasó esto el 22 de Febrero de 1899, aniversario del natalicio de Jorge Washington y en Marzo del mismo año ya se había publicado en la revista "Philistine". Fue algo que brotó caliente de mi corazón y lo escribí tras un día gastado en la pesada faena de excitar a infelices sumidos en los limbos de una innacción criminal a que se tornasen hombres auténticos, radiactivos. Pero la verdadera idea creadora brotó de labios de mi hijo Bert, cuando en el curso de la conversación entre taza y taza de té, sugirió que el héroe verdadero de la guerra de independencia de Cuba había sido Rowan.
"Si, dijo mi hijo, porque Rowan fue quien en la hora oportuna, culminante, llevó a cabo el hecho único, necesario; llevar el mensaje a García".
La frase me hirió como un rayo. Sí, exclamé, el muchacho tiene razón: el héroe es siempre aquel que cumple su misión, el que lleva la carta a García. Corrí a mi escritorio y de un tirón de uno a otro cabo, escribí: "UNA CARTA A GARCÍA".

Tan poco caso hice a mi escrito, que fue publicado en la revista sin encabezamiento siquiera.La edición salió y empezaron a llover pedidos por docena, por cincuenta, por cien ejemplares, de la revista, y cuando THE AMERICAN NEWS CO., pidió mil ejemplares, pregunté lleno de asombro a uno de mis ayudantes qué era lo que en ese número de la revista levantaba tal polvareda; con asombro oí la respuesta: "Esa historia tuya acerca de García".

Al día siguiente recibí un telegrama de George H. Daniels del New York Central Railroad, que decía: "deme el precio de 100,000 ejemplares de artículo de Rowan, en forma de folleto, con un aviso en la portada sobre el Empire State express, y diga cómo puede hacer la entrega".Contesté dando el precio y avisando que la entrega se podía hacer en dos años. Disponíamos de tan pocos elementos, que eso de imprimir 100,000 ejemplares, nos parecía una empresa temeraria. El resultado fue que dí permiso a Mr. Daniels para reimprimir el artículo por su cuenta. Hízolo en ediciones de a medio millón de folletos. Dos o tres lotes de a 500,000 fueron puestos en circulación y además fue reproducido por cerca de 200 revistas y periódicos y traducido a todas las lenguas vivas.
En los tiempos en que Mr. Daniels distribuía "LA CARTA A GARCÍA", vino a los Estados Unidos el Príncipe Kilakoff, director de los ferrocarriles rusos. Y como dicho príncipe fuese huesped del New York Central y saliera a una gira por todo el país bajo la dirección personal de Mr. Daniels, conoció el folleto y se interesó por él más, quizá por ser Mr. Daniels quien lo repartía y por la gran cantidad que vio circular, de mano en mano, que por cualquier otra causa.
Lo cierto del caso fue que, de vuelta a su país, lo hizo traducir al ruso e hizo repartir sendos ejemplares a los empleados de todos los ferrocarriles del imperio. De Rusia pasó a Alemania, a Francia, a España, a Turquía, al Indostán, a la China...

Durante la guerra rusa-japonesa, cada soldado ruso que iba al frente llevaba un ejemplar de "LA CARTA A GARCÍA". Al encontrar los japoneses el folleto en poder de todos y cada uno de los prisioneros de guerra, concluyeron que debía ser algo excelente y lo vertieron a su idioma. Por orden de Mikado fue repartido a cada uno de los empleados del gobierno, militares o civiles.
Alrededor de 40,000,000 de ejemplares de "LA CARTA A GARCÍA" han sido impresos, siendo esta la mayor circulación que una obra, en vida de su autor, haya logrado en tiempo alguno de la historia, gracias a una serie de afortunados incidentes.
Hubo un hombre cuya actuación en la guerra de Cuba, culmina como un astro en su perihelio.Sucedió que cuando hubo estallado la guerra entre España y los Estados Unidos, palpóse clara la necesidad de un entendimiento inmediato entre el Presidente de la Unión Americana y el General Calixto García. Pero, ¿cómo hacerlo? Hallábase García en esos momentos Dios sabe dónde en alguna serranía perdida en el interior de la Isla. Y era precisa su colaboración. Pero, ¿cómo hacer llegar a sus manos un despacho? ¿Qué hacer?
Alguien dice al Presidente: "Conozco a un hombre llamado Rowan. Si alguna persona en el mundo es capaz de dar con García es él: Rowan".Cómo el sujeto que lleva por nombre Rowan toma la carta, guárdala en una bolsa que cierra contra su corazón, desembarca a los cuatro días en las costas de Cuba, desaparece en la selva primitiva para reaparecer de nuevo a las tres semanas al otro extremo de la Isla, cruzando un territorio hostil, y entrega la carta a García, son cosas de las cuales no tengo especial interés narrar aquí. El punto sobre el cual quiero llamar la atención es éste:"McKinley da a Rowan una carta para que la lleve a García. Rowan toma la carta y no pregunta: ¿en dónde podré encontrarlo?".¡Por Dios vivo!, que aquí hay un hombre cuya estatua debería ser vaciada en bronces eternos y colocada en cada uno de los colegios del universo. Porque lo que debe enseñarse a los jóvenes no es esto o lo de más allá; sino vigorizar, templar su ser íntegro para el deber, enseñarlos a obrar prontamente, a concentrar sus energías, a hacer las cosas, "a llevar la carta a García".
El General García ya no existe. Pero hay muchos Garcías en el mundo. Qué desaliento no habrá sentido todo hombre de empresa, que necesita de la colaboración de muchos, que no se haya quedado alguna vez estupefacto ante la imbecilidad del común de los hombres, ante su abulia, ante su falta de energía para llevar a término la ejecución de un acto.
Descuido culpable, trabajo a medio hacer, desgreño, indiferencia, parecen ser la regla general. Y sin embargo no se puede tener éxito, si no se logra por uno u otro medio la colaboración completa de los subalternos, a menos que Dios en su bondad, obre un milagro y envie un ángel iluminador como ayudante.
El lector puede poner a prueba mis palabras: llame a uno de los muchos empleados que trabajan a sus órdenes y dígale: "Consulte usted la Enciclopedia y hágame el favor de sacar un extracto de la vida de Corregio". ¿Cree usted que su ayudante le dirá: "sí señor", y ponga manos a la obra?Pues no lo crea. Le lanzará una mirada vaga y le hará una o varias de las siguientes preguntas:
¿Quién era él?¿En qué Enciclopedia busco eso?¿Está usted seguro de que esto está entre mis deberes?¿No será la vida de Bismark la que usted necesita?¿Por qué no ponemos a Carlos a que busque eso?¿Necesita usted de ello con urgencia?¿Quiere que le traiga el libro para que usted mismo busque allí lo que necesita?
Diga: ¿para qué quiere saber eso? Y apuesto diez contra uno a que después de que usted haya respondido íntegramente el anterior cuestionario y haya explicado el modo de verificar la información y para qué la necesita usted, el prodigioso ayudante se retirará y buscará otro empleado para que le ayude a buscar a "GARCÍA" y regresará luego a informarle que tal hombre no existió en el mundo.
Puede suceder que yo pierda mi apuesta, pero si la ley de los promedios es cierta, no la perderé. Y si usted es un hombre cuerdo no se tomará el trabajo de explicarle a su ayudante que Corregio se busca en la C y no en la K; se sonreirá usted y suavemente le dirá: "dejemos eso". Y buscará usted personalmente lo que necesita averiguar.
Y esta incapacidad para la acción independiente, esta estupidez moral, esta atrofia de la voluntad, esta mala gana para remover por sí mismo los obstáculos, es lo que retarda el bienestar colectivo de la sociedad. Y si los hombres no obran en su provecho personal, ¿qué harán cuando el beneficio de su esfuerzo sea para todos?Se palpa la necesidad de un capataz armado de garrote. El temor de ser despedidos el sábado por la tarde es lo único que retiene a muchos trabajadores en su puesto. Ponga un aviso solicitando un secretario, y de cada diez aspirantes, nueve no saben ni ortografía ni puntuación.¿Podrían tales gentes llevar la carta a García?
En cierta ocasión me decía el jefe de una gran fábrica: "Ve usted a ese contador que está allí?""Lo veo, ¿y qué?"
"Es un gran contabilista; pero si lo envio a la parte alta de la ciudad con cualquier objeto, puede que desempeñe la misión correctamente; pero puede ser también que en su viaje se detenga en cuatro cantinas y al llegar a la calle principal de la ciudad haya olvidado absolutamente a qué iba". ¿Podría confiársele a un tío semejante la carta para García?

En los últimos tiempos es frecuente oir hablar con gran simpatía del pobre trabajador víctima de la explotación industrial, del hombre honrado, sin trabajo, que por todas partes busca inútilmente emplearse. Y a todo esto se mezclan palabras duras contra los que están arriba, y nada se dice del jefe de industria que envejece prematuramente luchando en vano por enseñar a ejecutar a otros un trabajo que ni quieren aprender ni les importa; ni de su larga y paciente lucha con colaboradores que no colaboran y que sólo esperan verlo volver la espalda para malgastar el tiempo. En todo almacén, en toda fábrica, hay una continua renovación de empleados. El jefe despide a cada instante a individuos incapaces de impulsar su industria y llama a otros a ocupar sus puestos. Y esta escogencia no cesa en tiempo alguno ni en los buenos ni en los malos. Con la sola diferencia de que cuando hay escasez de trabajo la selección se hace mejor; pero en todo tiempo y siempre el incapaz es despedido; "la ley de la supervivencia de los mejores se impone".

Por interés propio todo patrono conserva a su servicio a los más hábiles: aquellos capaces de llevar la carta a García.
Conozco a un hombre de facultades verdaderamente brillantes, pero inhábil para manejar sus propios negocios y absolutamente inútil para gestionar los ajenos, porque lleva siempre consigo la insana sospecha de que sus superiores lo oprimen o tratan de oprimirlo. Ni sabe dar órdenes ni sabe recibirlas. Si se enviara con él la carta a García, contestaría muy probablemente: "llévela usted". Hoy este hombre vaga por las calles en busca de oficio, mientras el viento silba al pasar entre las hilachas de su vestido. Nadie que lo conozca se atreve a emplearlo por ser él un sembrador de discordias. No le entra la razón y sólo sería sensible al taconazo de una bota número 45 de doble suela.
Comprendo que un hombre tan deformado moralmente merece tanta compasión como si lo fuera físicamente; pero al compadecerlo recordemos también a aquellos que luchan por sacar triunfante una empresa, sin que sus horas de trabajo estén limitadas por el pito de la fábrica, y cuyo cabello se torna prematuramente blanco en la lucha tenaz por conservar sus puestos a individuos de indiferencia glacial, imbéciles e ingratos que le deben a él el pan que se comen y el hogar que los abriga.
¿Habré exagerado demasiado? Puede ser; pero cuando todo el mundo habla de los trabajadores, así, sin distinción ninguna; quiero tener una frase de simpatía para el hombre que logra éxito; para aquél que luchando contra todos los obstáculos, dirige los esfuerzos de los otros, y cuando ha triunfado, sólo obtiene por recompensa --si acaso-- pan y abrigo. Yo también he trabajado a jornal y me he hecho la comida con mis propias manos; he sido patrono y puedo juzgar por experiencia propia y sé que hay mucho que decir de parte y parte. La pobreza no da excelencia por sí sola; los harapos no son recomendación; no todos los patronos son duros y rapaces, ni todos los pobres son virtusosos.

Mi corazón está con aquellos obreros que trabajan lo mismo cuando el capataz está presente que cuando está ausente. Y el hombre que se hace cargo de una carta para García y la lleva tranquilamente sin hacer preguntas idiotas, y sin la intención perversa de arrojarla en la primera alcantarilla que se encuentra al paso, y sin otro objetivo que llevarla a su destino; a este hombre jamás se le despedirá de su trabajo, ni tendrá jamás que entrar en huelga para obtener un aumento de salario. La civilización es una lucha prolongada en busca de tales individuos. Todo lo que un hombre de esta clase pida, lo tendrá; lo necesitan en todas partes; en las ciudades, en los pueblos, en las aldeas, en las oficinas; en las fábricas; en los almacenes. El mundo los pide a gritos, el mundo está esperando siempre ansioso el advenimiento de hombres capaces de llevar la carta a García.

El mundo confiere su mejores premios tanto en honores como en dinero, a una sola cosa: a la iniciativa.


¿Qué es la iniciativa?

¿Qué es la iniciativa? Puedo definirla en pocas palabras: hacer, lo que se debe de hacer, bien hecho; sin que nadie lo mande.A quien hace una cosa bien hecha sin que nadie se lo ordene, sigue aquel que la hace bien cuando se le ha ordenado una sola vez, es decir; aquéllos que saben llevar la carta a García. Estos reciben altos honores, pero su pago no guarda la misma proporción.Vienen luego aquéllos que obran sólo cuando se les ha dado la orden por dos veces; no reciben honores y sólo tienen un pago pequeño.Se encuentran después los que hacen una cosa bien hecha, pero sólo cuando la necesidad los aguijonea; en vez de honores reciben la indiferencia y se les paga con una miseria. Estos tales emplean la mayor parte de su tiempo refiriendo historias de su mala suerte.Todavía en una escala inferior están aquéllos que no hacen nada bien hecho, aún cuando algún compañero se lo enseñe a hacer y permanezca a su lado para cerciorarse de que lo hacen; éstos pierden constantemente sus puestos y reciben como pago el desprecio que se merecen, a menos que por suerte tengan un padre rico, y en este caso el destino los acecha en su camino hasta descargarles un recio golpe.¿A qué clase pertenece usted?

6 comentarios:

margarita dijo...

"La Carta a García" es un documento de caracter motivacional que tal como lo comenta el texto es utilizado en diferentes campos de la vida, tan amplia es su aplicación que puede ser implementado en el campo belico de los ejercitos de los paises o en el campo laboral de las empresas, esto sucede sencillamente porque dicho escrito marca las diferencias entre las personas que tienen y las que no tienen iniciativa y nos conmina siempre a alcanzar las metas trazadas por arduo que sea el trabajo que se deba realizar para conseguirlas, pues solo de esta forma se logra llevar la carta a García.

daniel-florez @hotmail.com dijo...

Sera que nuestro medio nos hace que hagamos tantas preguntas para confirmar lo desedo?porque indagamos tantopara hacer un trabajo o servicio tendremos miedo de equivocarnos?porque no podemos ser ROWAN?.Enlas universidades se presta la debida atencion a la parte inicioinvestigativa del estudiante, porque muchas veses es innato en el ycudo nolo es. Aparte de estas preguntas ya el estudiante debe tomar conciencia de lo que esta haciendo y en todo debe tener mucha iniciativa y mucha perseverancia hasta lograr el exito deseado

jose mario dijo...

este comentario es muy interesante desde el aspecto que nos muestra las iniciativas que pueden tener cada una de las personas par afrontar cualquier situacion, pues el texto en si narra la importancia que tenia la carta a garcia y que muchas personas les importaba saber sobre esta carta, sin tener en cueta cuantos garcias hubiesen el mundo la meta era encontrar el verdadero, por esta razon vale la pena resaltar que en la vida solo triunfan las personas que perseveran ante las situacion que generan dificultad y por la cual exigen mayor inteligencia y eficacia.

eliana dijo...

en este articulo lo mas importante para destacar es la iniciativa, ya que nos demuesta que las cosas las podemos conseguir mejor cuando tenemos la iniciativa de hacerlas, no que siempre nos manden, o nos digan que tenemo que hacer y como lo tenemos que hacer , hoy en dia en el mundo laboral es apreciado el empleado que aporta soluciones a la empresa no problemas, como lo dice el articulo, el jefe siempre va a preferir a la persona que hace las cosas cuando se le dicen y busca la forma de solucionar el problema , es diligente, no prefiere a la persona que pregunta como se hace, y si encuentra una dificultad vuelve donde si jefe enseguida sin ante haber intentado un y mil veces resolver el problema.
hoy en dia es uno el que mueve sus fichas y l que sabe muy bien que tanto puede durar, en un trabajo, que tamto exito va a tener, segun como se considere, si como el muchahco Rowan , que fue capaz de llevar la carta a garcia sin necesidad de pregunar nada, o como la persona que te hace un interrogatorio total de como debe hacer llegar la carta a garcia , es decir no aporta nada , solo sirve de medio de transporte.

eliana buitrago herrera.

Rafael dijo...

el aspecto mas importante por resaltar en este documento es la inicitiva, esa de la que carecemos muchas veces y que es importante para poder sobresalir en el campo laboral, otro punto importante mencionado es la actitud que afrontamos cuando tenemos una situacion.

eliana dijo...

Cuando empecé a leer este artículo pensé en que era una carta dirigida a alguien con apellido García. Donde narraban una parte de su vida o un hecho trascendental.
Pero al entrar en el texto, al encontrar el sentido a cada palabra, frase, oración y párrafo pude deducir que llevar La Carta García es algo muy importante y significativo, que me define y habla muy bien de mi.
El llevar esta Carta nos hace personas diligentes, capaces de hacer las cosas bien y en su momento, sin preguntas, sin discutir y sin dudar.; es llevarla con la mejor disposición, con todas las ganas sin esperar nada a cambio, pero sabiendo que detrás de este hecho se encuentra implícito un gran galardón y reconocimiento.
Este hecho nos lleva a ser los mejores y a sobrepasar la ley de la supervivencia, sobrepasando cualquier obstáculo con habilidad, competitividad, sin esquemas y sin darle lugar a la mediocridad en cualquier área de nuestra vida.
Cabe agregar que nuestra sociedad exige individuos verracos que lleven la carta a García a su destino, por mas lejos e inhóspito en que se encuentre y el mundo los pide a gritos. La persona que lleve esta Carta tendrá todo lo que pidiere y es una persona con iniciativa.
Por ultimo, después de mi reflexión… Quiero decirle a mis compañeros que estamos a tiempo de llevar la carta a García, conocerle Y además de eso disfrutar de nuestro cumplido, reproducirla y nunca dejar de ser personas de Iniciativa.

ELIANA ORTEGA